viernes, 30 de diciembre de 2011

Te asesine en la sala de mi casa.


Todavía recuerdo tus lastimeros días, aquellos en que me suplicabas por un poco de atención. No puedo olvidar los penosos momentos en que gritabas sin parar por un poco más de pan, o tal sólo una pizca de piedad, estabas ahí mismo donde hoy esta el jarrón australiano que me regalo mi curiosa abuela, arrastrándote y manchando mi alfombra persa con tu sangre negruzca y envenenada; no puedo olvidar el día que me sonreíste con esos labios aperlados saludándome con la mano, ¿cómo podría saber que sólo estabas jugando conmigo, provocándome? Creí que eras un ángel de delicadas mejillas y cabellos decolorados en un tono dorado, al fin y al cabo tu hermosura conquistaba, parece que fue ayer cuando me pediste revisara tu chimenea y en un descuido me dejaste ver tus bragas en tonos azules y lavanda, fui tan imbécil para no darme cuenta de que eras una golfa con un delicado cuerpo que me seducía con su andar aglomerado, te paseabas por el jardín con ese vestido rojo que tanto me apasionaba, pero para ti no era mas que el ingenuo y estúpido vecino que te ayudaba en las labores ahorrándote unos pesos, por eso, maldita, te retorciste con mi dinero en la boca junto al jarrón australiano, bajo la cabeza de alce que compre en mi primer viaje a Suiza y con todo cariño nombre Henry, pero ¿y qué? yo sólo buscaba tu amor, tu deseo, tu cuerpo y me convertiste en una culebra que muerde la mano que la alimenta, en una serpiente que no se detiene hasta que ha devorado lo que ama.  
Jamás te suplique por nada, más te deje flores cada mañana sobre tu balcón, arañándome con la enredadera y sus dulces florecillas rosadas, tú nunca viste ninguno de mis detalles, por eso querida te saque un ojo y lo coloque mirándome en la pecera sobre el buró de roble que me heredo mi madre, procedente de Francia, donde Henry, la cabeza de alce pudiera mirarlo, junto al jarrón australiano. Pero yo no podía imaginarte como una cualquiera que se larga con los hombres a cenar para luego revolcarse con cada uno de ellos en un hotel caro, porque para mí tú eras la dulce princesa de gracia divina que adornaba mi sendero, por eso antes de cortarte los senos te tome una magnifica fotografía reluciente con tus lagrimas cayendo y las coloque sobre la chimenea de sauce, cerca de tu ojo sobre el buró de roble, no muy lejos de Henry, mi alce, sobre la alfombra persa a no más de un metro del jarrón australiano para siempre poder admirarte tan preciosa. Tus senos los arroje al excusado para que jamás ningún hombre pudiera meter su rostro entre ellos, ni te lamiera los pezones o los agitara bajo tu sujetador negro con pequeñas maripositas y una seda tan suave como tu piel.
Sólo por eso mi amada, soporté cada humillación de tu parte. Luego tus piernas ¡oh, tus divinas piernas! que no me atreví a tocar mas que para cortarlas con una sierra ¿te cuento un secreto? Cada noche espié por tu ventana sólo para ver como desvanecías tus finas medias de red sobre ellas, soltando el liguero con mucha delicadeza como si supieras que el mundo entero te miraba, una vez que terminabas me marchaba,  yo era un caballero incapaz de verte desnuda, porque soñaba cada noche con tu cuerpo despojado de prendas en nuestra luna de miel, muy lejos, en Barbados de donde precisamente viene la vitrina donde coloque tus piernas con las medias de red puestas, junto a la chimenea de sauce y tu fotografía, junto al buró de roble donde esta la pecera con tu ojo, sobre la alfombra persa bajo el yugo de Henry  y más vistosas que el jarrón australiano y sus líneas delgadas rojas y azules. Mi bella dama ya no sonríes como lo hacías en tus paseos por el parque paseando a tu cachorro con una sobredosis de ternura, si tan sólo me hubieras dado a mi el amor que le dabas a ese desgraciado perro no lo hubiera asesinado sin que te hubieras dado cuenta, ahorcándolo como deseaba ahorcarte a ti el día que te vi junto al hombre que estúpidamente me presentaste como “tu novio”, aquel desdichado que no merecía tocarte ni envolverte en sus brazos, él toco tu sexo que yo como un cobarde no me atreví a tocar durante los veintiún días que te tuve en cautiverio, eras demasiado virginal para mi como para ensuciarte con penetraciones, mi dulce bebé, te aniquile como se aniquila una rata que entra a un cobertizo.
Por tu insolencia, tú misma fuiste tu verdugo, sí tan sólo aquella noche buena hubieras aceptado mi pequeña, nada hubiera pasado, pero deseo que sepas que no estoy arrepentido, no mi hermosa, deje tus restos sobre la mesa del comedor durante tres días para no olvidarte y poder disfrutar mirándote con ese ojo lloroso que me observaba con horror, nada hubiera pasado si no me hubieras rechazado, no hubieras pasado hambre ni frío, y toda la casa te hubiera aceptado como mi bella esposa, ahora seria tu hogar y no tu tumba. No me hubieras dicho que no podías cenar conmigo, muñeca, desearía que de tu boca no hubieran salido esas palabras, que dejará de acosarte por que te habías comprometido y muy lustrosa me presumías como una zorra el anillo de diamantes en tu maldito dedo que termine tirando junto a un cartón de leche y dos bolsas de pan. Yo no te habría secuestrado ni sodomizado en la sala de mi hogar dejándote desangrar  sobre la alfombra persa, junto al jarrón australiano, tu ojo no se hubiera podrido en la pecera sobre el buró de roble, tus senos no habrían tapado mi baño, y no hubiera asesinado al plomero que los encontró gritando horrorizado, tu cuerpo no hubiera estado corrompiéndose sobre la mesa de pino blanco y Henry no hubiera presenciado semejante asesinato.
Pero hoy mujer, agradezco que te hayas ido, gracias a eso conocí a una magnifica dama que me dio todo su amor y que se convirtió en mi única esposa, la pecera ya no tiene tu ojo sino dos bellos peces dorados propiedad de mi hija menor quien lleva tu nombre en honor a nuestros momentos, la mesa del comedor ya no tiene tu sangre en lugar de eso se llena cada noche buena con comida de todo tipo, celebrando la navidad con mis hijos y mi familia que disfrutan alegremente de cada fiesta, la alfombra persa jamás pudo limpiarse y la done a una institución de mujeres maltratadas como disculpa por los horrores que te hice pasar, el jarrón lo rompió la sirvienta mientras sacudía el polvo, me miro con temor pensando que habría represarías, pero en lugar de eso me alegre y ella se fue sin ninguna culpa, dentro estaba tu fotografía que había enrollado y atado con un mechón de tu pelo, gracias a eso recordé tu historia junto a la chimenea de sauce que tanto calor me brinda y en lugar de tus piernas quemadas tiene leña que emana un dulce aroma al arder, tome una copa y brinde con Henry por haber librado al mundo de una golfa como tu, salud por eso querida, ahora me voy, es hora de desvestir a mi esposa para que tan solo quede con tus finas medias de red, le haré el amor como cada noche sin ningún remordimiento  por haberte asesinado en la sala de mi casa.


lunes, 5 de diciembre de 2011

Rito.

Soy yo, solo yo, tengo un don especial,
El don de manipular la situación que me interese a mi antojo,
 Todo con sólo mencionar lo que deseo,
Porque mi poder está en mi voz.




miércoles, 19 de octubre de 2011

Cenizas de lobo (primer borrador)

Comienza el invierno, la neblina devora las calles avanzando de manera lenta para cubrir toda superficie. Alzando la vista, a lo lejos de las chozas y cerca del sol se distinguen con bastante claridad las puntas de las montañas cubiertas de nieve, los habitantes ya están preparados para el cruel invierno, y cubren a sus familias antes de salir de casa. El frio ahí llega a ser insoportable en algunas temporadas y sin la protección debida puede llegar a ser mortal. Cabe mencionar un hecho curioso, en Cidrez, a pesar del frio la nieve nunca había caído pareciera como si la naturaleza no quisiera atacarlos, no hasta la llegada de ella.
La imagen que despide aquel sitio por si solo es decadente, tétrico, amargo, con calles adornadas por la soledad, despobladas, tan solo se ven las enormes puertas de madera cerradas, puertas más viejas que todos los pobladores. Pero claro, cada malo tiene un peor y Cidrez  no es la excepción. El peor sitio del pueblo no se encontraba muy lejos del centro pero si vacío, nadie se atrevía a vivir en la zona donde nació la devastación. Aquella gran calle en sus inicios fue muy transitada, nadie podría creer que ahora era el punto de partida del miedo.
En un recorrido se puede observar a detalle, despide una vibra pesada y angustiosa, no por lo que sucedió sino por las mismas energías de los habitantes, frente a ella un espeso bosque cierra paso hacia las montañas, es como si estuviera ahí solo para agregar horror al pueblillo, haciendo del paisaje un lugar de muerte y desolación, al llegar al final de aquella avenida transita un delgado rio de aguas heladas, al cruzarlo se distingue un parque, se construyo tiempo atrás cuando el lugar no tenia tan mala reputación, cuando todos querían ver a los niños jugar al aire libre.
Todo parece estar intacto, los juegos infantiles tallados en madera solo portan unos cuantos golpes, maltratos del viento y de las tormentas tan agresivas que suelen atacar a aquel pueblo. Los habitantes no estaban del todo contentos de verlo ahí como muestra de los buenos momentos que jamas regresarían, habían tratado de derribarlo varias veces todas ellas sin éxito obvio. Cuando por fin parecían decididos el parque parecía cobrar vida propia, eliminando a cada uno de sus atacantes, algunos volvían asustados, muchos otros jamás regresaban a casa.
Nadie podía dar una explicación lógica de tan extraño suceso, ni de nada de lo que ocurria por aquellos sitios, en realidad a nadie le interesaba aquel lugar, ese viejo pueblo ni siquiera estaba integrado en los mapas, no era visitado por ningún investigador, mucho menos halagado por los nuevos turistas, aristócratas adinerados en busca de aventuras. ¿Quién querria visitar tan horrible lugar?
En la mente de algún habitante transita un recuerdo, vagas imágenes de callecillas cubiertas de flores, muchas de ellas caídas de los arboles que adornaban sus hogares con tantos colores. En esos recuerdos no había fríos congelantes, el clima era perfecto la mayor parte del año, también había gentecitas corriendo por las calles, niños que se divertían con una sonrisa en el rostro, jóvenes paseando de la mano, ancianos fumando leyendo algún libro, saludando a quien pasara por ahí, los campesinos trabajaban duro para terminar un buen parque cerca del rio. Un lugar especial donde todos sus hijos pudieran disfrutar de su niñez. Maldito el dia que todo eso había cambiado.
Aquel año de forma anticipada nació una pequeña niña, la madre murió en aquel instante, la suerte de aquella criatura estaba en manos de la partera, por suerte el corazón de la mujer flotaba en la pureza y la llevo a casa sin ningún reclamo, la criaría como si fuera su propia hija. Esa noche no solo murió una mujer y nació una, lo que nació ahí no fue una vida, fue la destrucción, la desolación con nombre de mujer: Cristina.
No es hubiera malas intenciones en Mariana, la partera. Era el hecho de adoptar no solo a una niña sino a una leyenda que caía de forma cruel sobre sus hombros. Todo comenzó cuando la madre de Cristina solía escapar de casa para vagar por el bosque, los formalismos de llamarla “madre” hacen que a la imaginación llegue la imagen de una mujer, nada más lejos de la verdad. Tania, su madre apenas era una niña, no llegaba ni a los 15 años de edad. La historia detrás de ella viene acompañada con una nausea imposible de evitar.
Tania siempre vivió alejada de las labores cotidianas, en lugar de eso se ocultaba en el granero para después escapar por la entrada de las gallinas. A los hombres mayores en particular les parecía muy llamativa, dueña de una exótica belleza, su cabello cortó color del sol, y esos ojos, aquellos enormes ojos conquistaban hasta el alma más perturbada. Fue por ello que el destino la maldijo, eligiéndola a ella como la cuna para la maldad.
Un día de Mayo salió más tarde de la casa, se ocultó por más tiempo, y la noche la descubrió escapando, los testigos fueron insuficientes y mudos, estrellas, animales y sobretodo soledad, todos ellos ensombrecidos por su belleza. Tania se alejó por las laderas cantando con aquella dulce voz.
Ala mañana siguiente, los campesinos encontraron una joven inconsciente ¿era Tania! Claro que era ella, golpeada, con las ropas hechas trizas, sin detenerse los hombres que la encontraron la regresaron a casa, 3 días después despertó pero esa niña no era la misma que había salido, la alegría de sus ojos se había extinguido, la sonrisa de sus labios se había esfumado como el sol en el horizonte, jamás se le volvió a ver feliz, cada día que pasaba ella seguía embrutesida, no respondia a ninguna pregunta, ni a los lamentos de sus padres, si no se le veía tumbada en la cama se pensaría que la habitación estaba sola. 7 meses pasaron hasta que se volvió a oir la voz de Tania, la noticia corrió en el pueblo como sangre de un corazón agitado. Nadie se alegro por ello, algunos curiosos se acercaban a la casa huyendo tan pronto oian los gritos de la joven, aquel 20 de Diciembre nacio la primogénita de Tania. La hermosa y malvada Cristina.
Cuando Mariana asistió a la casa de los Proneh, Tania ya se encontraba grave, y a decir verdad desde la noche que fue atacada no pudo recobrar la salud, a su llegada la noche de su desdicha la reviso sin perder el tiempo un medico, la conclucion más obvia era la violación, llego con las piernas bañadas en sangre, el vientre mordido y arañada por los costados, al parecer los golpes que portaba no fueron provocados, no al menos de con intención, solo fueron golpes que se dio al ser arrastrada por las montañas. Seguramente después de el ataque, al ser abandonada los lobos de la zona alta olieron la sangre e intentaron devorarla, sabían que eran lobos por que en su cuello traía “la marca”.
“La marca” era el distintivo de la gente de la región, quien la portara era rechazado por el resto de su vida, aunque en realidad eso no duraba tanto, ese era uno de los tantos temas prohibidos, y si obedecían más que para obedecer la ley, seguían sus propios miedos. La noche del parto, las heridas de Tania en el cuello parecían más rojas que de costumbre, parecían que en ese momento se las hubieran provocado, en sus ojos deambulaba un reflejo de terror y odio, no pronunciaba ninguna palabra, solo esos chillidos agudos provocados por el dolor naciente.
El cuerpo de Tania aun estaba muy estrecho, estaba por cumplir los 7 meses de embarazo, Mariana trato de adelantar el parto, la vida de la niña estaba en peligro, pero todo parecía inútil ninguna yerba surgia efecto en el cuerpo de la niña/mujer, y asi fue que ese 20 de Diciembre de 1712 Tanian Proneh murió sin dar a luz.
Sus padres suspiraron aliviados, no por falta de amor a su hija, alguien debía entenderlos, 7 meses de agonía viendo morir a su hija, que sacrilegio, morir mientras formaba una vida, también sonrieron por eso, seria mejor que aquel ser no naciera, no podrían soportar ser señalados por cargar con un bastardo. Pero Mariana no podía dejar morir asi a una criatura inocente, ya con Tania muerta el peligro subia y bajaba, ya no había preocupación por la joven,  y eso mismo provocaba que el oxigeno del bebe se acabara, era una batalla contra reloj. La partera procedio a simular una operación, no a simular, en realidad lo que estaba haciendo lo era, con el mismo cuchillo pescador con el que solia cortar el cordon umbilical de los recién nacidos abrió un agujero sobre el vientre de la joven, los padres asustados trataron de detenerla pararon cuando estuvieron amenzados por aquella mujer de generoso corazón cubierta de sangre con un chuchillo en la mano partiendo en 2 el cuerpo de su hija.
No podían comprender lo que sucedia hasta que concluyo, en los brazos de Mariana lloraba un ser pequeñito, más pequeño que cualquiera que hubieran visto, con los ojos plata, casi blancos y un espeso cabello negro que le cubria la cabezita, para incrementar el asombro de todos aparecieron las uñas, jamás habían visto a un bebe con las uñas formadas y de semejante tamaño. Los padres de Tania se horrorizaron, jamás reconocerían a semejante cosa como su nieto, dieron la orden de arrojarlo por el peñasco, Mariana se negro, prometio que nacie sabría de donde había salido, ella repartiría el rumor de que tanto la madre como la hija habían muerto, juro por su vida que la pequeña jamás se presentaría frente a su hogar, asi fue que ellos aceptaron.
Mariana que hasta aquel dia había atendido cientos de nacimientos, les trataba de hacer creer a todos (y a ella misma) que la razón por la que aquella beba tenia los ojos color plata se debía a los pocos meses que duro en el vientre, siempre era asi, ella sabia que semanas después se revelaria el color real de su mirada. Los ojos de Cristina nunca obtuvieron color, ni tampoco lo obtuvo su alma.
Aquel invierno fue el primero de tantos con temperaturas congelantes, pareciera que la llegada de la niña traía consigo una maldición climatológica. Muy lejanos de todos esos mitos, Cristina vivi feliz con aquel clima, le gustaba en demacia, hasta se puede jurar que la pequeña recién nacida sonreía cuando Mariana se recostaba con ella cerca de la ventana, donde el frio era mayor.
El tiempo se enredó en el paso de 3 años, no se puede contar muchas novedades sobre ese tiempo, en esos meses para el pueblo, la niña de ojos blancos era hija de Mariana, y a los ojos de Cristina aquella partera era su madre. Nadie en el pueblo desconfiaba de Mariana, ni un alma podría creer que se trataba de una mala persona, con esos antecedentes tan puros fue fácil engañarles afirmando  que aquellos ojos blancos eran causa de una enfermedad sin complicaciones, y no de brujería como suponían algunos. La verdad es que para ese tiempo Mariana ya sabía que esos ojos, eran ojos de lobo.
Para cuando la niña cumplío 5 años las cosas comenzaron a complicarse, Cristina provocaba demasiados problemas y para su corta edad , lamentablemente era una niña muy cruel, por suerte nadie notaba siquiera lo que hacía con los animales, ningún poblador descubrió ninguno de sus pequeños ataques. A la llegada del amanecer algunos peones encontraron un par de gallinas con mordidas en el cuerpo. Jamás se armó alboroto por ese incidente, las respuestas eran obvias, alguna cría de lobo o comadreja bajo al pueblo y se las trato de comer. Estas acciones comenzaron a molestar al pueblo cuando las pérdidas de ganado desproporcionaban sus ganancias, una cosa era perder un par de gallinas a la semana y otra muy diferente y mucho más grave era encontrar en toda la zona 8 o 10 vacas devoradas por partes.
El pueblo entero estaba decidido, todos ellos preparados con lanzas ,antorchas y fusiles buscaban a la bestia y no se detendrían hasta colgar su pellejo en el centro del pueblo, frente al parque. Mariana solía cubrir el sol con un dedo, o al menos darle sombra a sus ojos, pero el destino no se quedaría con los brazos cruzados, cada noche se le revelaban nuevas pizcas de verdad.
La pequeña niña había dejado de comer, la preocupación de Mariana como madre la oriento a traer a casa a los mejores médicos y curanderos, cada uno de ellos le afirmo que se encontraba en perfecto estado, debían ser cosas de niños, cuando de la nada pierden el apetito, esta fue la primera pista. Noches después en un recorrido nocturno Mariana descubrió que la alcoba de su hija estaba vacía. Las sospechas incrementaban, sin embargo el verdadero relámpago que de la verdad se disparó a la cabeza de Mariana cuando encontró los vestidos de su hija repletos de sangre. Ya no existían dudas, aquella pequeña niña tierna, ¡la niña de ojos blancos era la bestia!.
Mariana literalmente se deshizo de la servidumbre, quedando aquella enorme casa tan solo para madre e hija. Nadie sospechaba aun, mucho menos ahora que los ataques habían cesado, Mariana mantenía feliz a su hija (y lo más importante, encerrada en  casa) alimentándola con los cadáveres de los criados. Pero la carne no duro mucho, a pesar de que ninguno de los 27 cadáveres se desperdició, el apetito de Cristina no dejaba de subir, incrementándose mientras más comía, devoraba todo, algunos de los cuerpos ya estaban enterrados en el jardín trasero, de alguna forma la niña los encontró, rascando la tierra hasta poder sacarlos, con todo y el grado avanzado de descomposición los disfruto como un manjar.
Algunas veces Mariana presa ya de su locura conseguía algo de carne, esta no duraba tanto como estaba planeado, mucho menos en el verano, aunque los inviernos eran crudos el resto del año seguía siendo sofocante. Apartar de ahí las cosas comenzaron a limitarse, incluida la cordura de Mariana. El amor por esa niña la había enloquecido por completo, tanto era el terror que le ocasionaba pensarse lejos de ella,  que la consentía al máximo, o la repugnancia que le daba la vida si la perdía que decidió entregarse ella misma para saciar el hambre de la niña/bestia.
A pesar de todo se podía razonar con Cristina, siendo lo que sea que fuese, aquella era una niña que ya estaba por cumplir 8 años y carecía de noción, no sabía distinguir el bien del mal, sabía que debía ocultar sus matanzas, y esconderse de la gente porque a mama le desagradaba que los demás lo supieran, por eso siempre tenía cuidado al comer su carnita, para que nadie lo notara. Después debía limpiarse bien los dientes, a mama no le gustaban las caries, y antes del amanecer ya debía estar en su cama soñando con los angelitos.
Cuando por fin Mariana tomo la decisión, mando llamar a su hija, aquella fue su última conversación “coherente”.
-de ahora en adelante mi niña, los días que permaneceré contigo serán contados
-¿quieres dejarme mamá? ¡Por qué mamita? ¡Es por lo que dicen en la calle? No me dejes solita ¡por favor! Te prometo que ya no comeré carnita, te lo juro mamita- gritaba desesperada la niña, entre sollozos, abrazando a su madre con toda la fuerza que corría por su cuerpo.
-nada de eso mi princesa, te amo más que a nada, por eso mismo debo irme, bueno, en realidad no me voy, estaré aquí mismo, dentro de la casa, en mi habitación, hija mía debes prometerme algo
-¿qué mamita? Dime, yo haré lo que tú digas
-un día a la semana te daré carne, solo un poco, pero no cualquier carne, ¡será tu favorita! Carne humana,  a cambio de eso el resto de la semana deberás alimentarte de animales de la granja, claro, tu misma los has de criar, tampoco debes salir a la calle. Esas son mis condiciones.
Mariana no permitió más palabras, aquellas criaturas se fundieron en un abrazo, aquella mujer sabía que esa sería la última vez que podría hacerlo, al menos completa. Qué raro puede ser el amor, de que formas tan extrañas puede manifestarse.
6 meses pasaron siguiendo el plan, todo corría a la perfección, a pesar de la promesa de Mariana de quedarse dentro de la casa, en todo ese tiempo Cristina no la había visto ni una sola vez, aunque claro, cada viernes a las 6 de la tarde su pedazo de carne ya se encontraba ahí. La pequeña sentía una gran soledad,  Mariana era todo lo que conocía del mundo, todo fuera de ella era algo malo, algo que quería dañarla, por ello se atrevió a violar el pacto recorriendo las habitaciones en busca de mamá.
 Cristina era una niña muy inteligente, sabía que su madre no se escondería en su habitación, donde podría verla cada que quisiera, le fue fácil seguir el rastro, bajando al sótano, en la puerta secreta, encontró pálida como la muerte a su madre.
-¡Cristina! Te dije que no vinieras, había muchos más lugares para ti ¿Por qué me desobedeciste?
-te extraño mama, quiero que vuelvas a estar por la casa, quiero que estés conmigo.
Las lágrimas corrieron por sus mejillas, ¿de quién? De ambas, apartar de eso Mariana regreso a su habitación de forma normal, pero el plan alimenticio siguió su ciclo. Mariana ya siempre estaba acostada, sin ánimos, enferma. Cristina aprendía rápido todo lo que le decía, era muy lista, y con tal inteligencia, Cristina no se había percatado de donde sacaba la carne su madre, jamás salía del cuarto  ¿de dónde la obtenía entonces? ¿es que alguien más sabia de su existencia y les estaba ayudando? Ahora ya era tiempo de espiar a su “madre”

En el transcurso de la marcha siguiendo fiel el objetivo de llegar a Alaska, Cristina sedienta de saber las cosas extrañas que el mundo le ofrecía, comenzó a notar cambios en su cuerpo, los cambios que suprimían el desarrollo normal de cualquier joven.  En alguna fase del mes del cual no llevaba un control su negro cabello comenzaba a caerse primero finas tiras, para convertirse en gruesas mechas, para acabar perdiéndolo todo. Aquello seria aún más grotesco si no contara con un rápido proceso, en un par de días ya portaba ahora una deslumbrante cabellera roja como el fuego. El verdadero cambio comenzaba ahí.
Notaba con desagrado el olor que desprendía su cuerpo que pasaba de un dulce y tierno aroma a una amargura tan asquerosa como un cuerpo en putrefacción, cuando el olor llegaba con el venían las criaturas cercanas, aquellas eran las mejores fechas de caza para Cristina, pero también las más desgastantes. Osos, lobos, pumas, ciervos y hasta humanos, cualquier macho que olfateara aquel amargo aroma se dejaría manejar por sus instintos hasta encontrar a la hembra que lo producía, aquellos eran Cristina, sus días de menstruación.
Lo que era divertido el primer día, para el segundo era ya una sobrecarga “¿Qué aquellos idiotas no pueden contener sus ganas de fornicar ni para dejarme dormir?” se preguntaba constantemente la chica fenómeno, sus 4 días de alerta reproductiva pasaban deprisa, era entonces que Cristina debía seguir con su búsqueda, olfateaba y se detenía, pasaban semanas incluso para que volviera a pisar una ciudad. No lo necesitaba, no era igual a sus “hermanos” lobos, ella tenía una ventaja, una que no iba a desperdiciar, ella podía comunicarse.
Sabía exactamente como fingir, como controlarse para no saltar para no saltar sobre cualquier humano y destrozarlo con sus filosos dientes. Tenía el don de la belleza y su rostro podía expresar la mayor ternura que cualquiera hubiera visto, de no ser por sus ojos, ningún otro rasgo la delataba de ser el monstro que era, tenía una soberbia habilidad para controlar a sus enemigos. Sin contar que  en el mundo de las bestias tenía el don de la humanidad y en el de los hombres tenía unos magníficos sentidos, el olfato, la vista y sobre todo, su hermosura.
Aprendía con prisa de sus errores, aprendió desde Libz, cuando tenía el pueblo a sus pies, cuando sus ojos siempre miraban el suelo y ella era la triste mártir que todos deseaban consolar, no tenía la necesidad de matar, ahí su vida solo se trataba de buscar leyendas que pudieran ayudarla a encontrar a su familia, a no estar sola, pero no era la soledad a lo que ella le temía,  claro que no, su ambición se debía a el imperio que le pertenecía, eran esos lobos, esos cientos o quizá miles que la esperaban, el poder era la causa de su vida, ningún otro pesar emocional, Cristina carecía de sentimientos.
Volviendo a Libz todo ese imperio se vio destruido al instante, no por los 1000 hombres que lo habitaban sino de uno solo, su talón de Aquiles tenía un nombre: Sam Kriev quien tuvo la fuerza para no ceder ante sus cantos de sirena,  a ese desdichado que se atrevió a repeler sus órdenes ocultas bajo un tierno rostro de la falsa diosa que nunca miraba a nadie, “Cristina la hechicera” la llamaba el pueblo, “la ciega” le llamaba él. Sam nunca creyó en sus poderes y jamás cayó bajo ese influjo que su cuerpo perfecto expulsaba, para él “la ciega” no era más que una farsante que buscaba el dinero de los ignorantes, no creía para nada en ella, ni siquiera después de que con sus propios ojos presencio el milagro que la volvió santa.
Una tarde cualquiera en Libz, ese pueblo cualquiera al pie de una gran cordillera la gente se reunía para bautizar a sus hijos, todos los nacidos ese año serían purificados antes de la llegada de la nueva primavera y los depredadores del bosque bajaran a buscar alimentos para sus crías, según sus creencias, todas aquellas criaturas que contaran con la bendición de Jesucristo se salvarían de aquellos asesinatos. El frio aquel dia era insoportable, pero nadie podía faltar asi que con todo el abrigo que pudieron cargar esperaban temblorosos la llegada del sacerdote quien venía de dos aldeas más al norte, era ya tarde, el hambre de los salvajes de adelanto.
La multitud estaba reunida, los padres de las criaturas por bautizar, familiares, gente curiosa y Cristina, que con una capa se cubría el rostro casi por completo, todos sabían su situación, aquella era una pobre mendiga ciega, Cristina acepto ese rol que le proponían, hasta le parecía divertido hacerse pasar por ciega, al fin y al cabo no necesitaba la vista para poder moverse por cualquier rincón, así que agachada olfateaba buscando la carne infantil más apetitosa, el niño más regordete sería perfecto, a ella le encantaba la carne joven, tenía mucho no se alimentaba de humanos, y por supuesto estas eran las mejores fechas para ello, cuando todos los niños andaban por las calles de sus incáutelos padres, y también por que aquellos padres que perdían a sus hijos no sufrían tanto, estaban acostumbrados a bajas infantiles debido al invierno, Sam Kriev también estaba ahí esperando que algún animal salvaje se atreviera a llegar, creyéndose el héroe, el único salvador, el pueblo entero lo llamaban “loco”.
¡Llegaron! Se manifestaron los feroces animales con el hocico abierto, olfateando como locos buscando alimento, era una gran manada, más de una docena no había tiempo de nada, si se aventuraban a correr al menos se perderían 6 vidas adultas y ni hablar de los pequeños, aquellos monstros eran una horrible devastación andante de la naturaleza, los lobos más grandes de la región, Kriev se puso al frente de todos con su vieja espada, al menos aun no los tenía rodeados, los lobos caminaban a paso lento mientras la gente estaba paralizada ni siquiera los más experimentados cazadores podrían defenderse de tantos animales, pronto, brincarían sobre ellos.
Kriev sujetaba con fuerza a su pedazo de metal, hasta los propios lobos parecían ignorarlo, era tan tonto para el resto del mundo, su físico era grande, robusto, fuerte, pero tenía algo que le hacía parecer un idiota, algo que no estaba en su rostro sino en su personalidad. La amenaza crecía, solo se escuchaban las respiraciones agitadas y el crujir de la nieve con los pasos hacia delante de los cazadores y los pequeños pasos hacia atrás de las presas iban a morir, entonces… Cristina se puso al frente de todos ellos.
-vete de aquí
¡le hablo! Cristina le dirigió la palabra, aunque fuera solo para ofenderlo, su voz no era tan desagradable, al contrario, tenía un toque de sensualidad y dulzura que jamás se había imaginado.
-¿estás loca ciega? Te mataran eres tan pequeña ponte detrás de mí.
-¡largo!
Su voz ahora sonó como un gruñido amenazante, Sam se sintió intimidado pero no por ello se quedó callado, apenas comenzaba a abrir la boca cuando Cristina le lanzo tremendo puñetazo que termino mandándolo lejos de ahí, la gente grito, los lobos gruñían con fuerza listos para atacar, Cristina no tenía la mínima intención para salvar a la gente , esto tan solo era la primera prueba para su poder, necesitaba saber que tanto control tenía sobre sus propios dones, caminaba hacia ellos aun sin saber que hacer confiando de forma exclusiva en esa fuerza innata que palpitaba en su interior.
Se descubrió la cabeza y dejo ver su rostro, sus cabellos se mecieron con el aire helado, los lobos dejaron su posición de ataque, como si ahora miraran a un nuevo lobo, confundidos no abandonaron su puesto, el macho alfa debía tomar una decisión, las personas podían haber salido corriendo pero aquel tonto instinto de supervivencia los obligo a seguir observando el extraño suceso, Cristina no sabía qué hacer, movió la mano y todos los ojos la siguieron tanto de lobos como de humanos, señalo la montaña y emitió un sonido gutural que jamás había salido de su garganta, los lobos aullaron y echaron a correr bosque a dentro.


martes, 18 de octubre de 2011

Guillermo en la cama de las mujeres gato.

Guillermo es un hombre con el talento en las manos y la debilidad en la boca, hace dibujos estupendos y escupe con facilidad sus mayores secretos sin la necesidad de hacer confesiones, solo es cuestión de escucharle. Guillermo vive en la calle Anonimato, en la colonia des fortuna del municipio cero a la izquierda, en el país del nunca triunfar. Con el viven sus 5 hermanos, Desdicha, Infortuna, Esclavitud, Vergüenza y Soledad. Su casa es un ataúd de recuerdos que lastiman. Su cama es un lienzo donde cada noche se pinta una nueva vida.
Él se piensa acorralado por la monotonía, en el nace la creatividad pero los soldados del país del nunca triunfar le fulminan las obras obligándolo a vivir en esa realidad creada para todos los humanos. Por su corazón han pasado mujeres, el las recuerda a solas mientras escucha algo de música que en sus notas tienen clavos, estos pasan a enterrársele en la piel, su piel de papel. Mantiene su trabajo en donde no ocupa ni una pequeña parte de sus privilegios, el ejército les ha ganado, mandándolo al partido de los reprimidos.
Guillermo no se siente solo, se siente asqueado de ver siempre a las mismas personas, de conocer siempre a la mentira, la hipocresía y la aburrición. Se ha cansado de salir con ellas, pero no conoce a nadie más. No sabe que en sus dedos esta la llave a ese mundo al que pertenece, no sabe de la fuerza que tiene, no se conoce, pero para eso nacieron las 7 hermanas, las felinas, para despertarlo de su sueño.
Encerradas en el cuarto 302, de la imaginación de los desdichados están las 7 mujeres gato. Felina, Cascabel, Roma, Cristal, Trova, Caricia y Pelusa. Nombres que sin darse cuenta les había puesto, nombrándolas por cariño, no por estética auditiva. En ellas no importa el nombre impuesto ellas eran hermosas, privilegiadas, con largas cabelleras de distintas tonalidades. Con enormes pechos y piernas largas que jamás se habían visto en la tierra, el planeta de la no libertad.
Pero no serían mujeres gato sino estuviera en su fisonomía algo de estos misteriosos  animales. Ellas  portaban con orgullo las orejas de un felino, la cola y las patas, luego de sus delicados tobillos de preciosas diosas se les incrustaban las garras, suaves patitas con uñas afiladas. Dormían como gatos, se estiraban como ellos, pero sobretodo tenían esa personalidad. Guillermo aun no sabía a la perfección que Vivian en su memoria, ni que pronto las conocería y con ello vivía la pesadilla más placentera que nunca se ha escuchado.
Guillermo avanza en sus días pisando una alfombra hecha de anhelos, camina agotado, destruido, con la palabra vencido pegada en la frente, para él se acabó la fe, las ganas de luchar, los sueños de juventud, algo que a todos en el mundo les pasa en determinado momento y al que no le sucede es llamado loco. Él llega cansado a casa, sus hermanos lo rodean, no podían elegir un peor momento para hacerle compañía, se encierra en su cuarto agobiado y por fin las mujeres gatos de su memoria cobran fortaleza.
Le incitan esos pensamientos raros, se pasean por su mente con total libertad, el las observa por dentro de sus ojos y se saborea su cuerpo delicado, cansado de tanto dibujar se truena los dedos, en su computadora la pantalla parpadea, sus amigos lejanos están preocupados, y el por primera vez se siente sano y pleno, se lleva a la cama sus 7 bocetos, con las 7 mujeres gato.
En ese amanecer tiene un sueño extraño, las mujeres lo veneran, él está fascinado, no está solo, las 7 maravillas lo acurrucan en sus cuerpos desnudos, despierta furioso tocando su almohada se tortura pensando por qué su imaginación no da para tanto ¿Por qué su imaginación no puede traerlas consigo? Está desesperado sus hermanos lo acosan, su padre lo atosiga, a él le llaman Empatía, exhausto recoge sus libretas, cada dibujo, cada lápiz y llena una maleta, se marcha va en busca de la liberación, quiere solicitar su cambio de partido, ahora desea ser parte de los que lo han logrado. Busca el consuelo de sus dedos al trazar algún dibujo sobre tantas hojas de papel que enmarañan su razón.
No sabe a dónde ir, no tiene dinero, busca en su teléfono quien pudiera brindarle un techo, los amigos que tiene, ninguno comprende, le dan la espalda, es otro artista marginado. Pasa la noche en las barreras del metro, la noche es fría, la lluvia se hace presente, Guillermo jura que es su nube personal, esa que jamás le abandona, esa que le tira gotas de agonía, pero esta lluvia si lo moja y también a sus dibujos, antes de la media noche tan solo le quedan en las manos pedazos de papel mojado. ¿Qué se puede sentir si tus sueños se deshacen de tal manera? Pobres almas aquellas que están en el exilio tratando de mostrar sus maravillas al mundo, podía sentir sobre la cabeza los pasos de sus demonios, danzando sobre su pena, burlándose de todos sus sentidos.
Despertó abrigado, arropado dentro de una gran cama, si es que se le puede llamar así, parecía el pedestal de un dios, media más de 5 metros, que maravilla, recordó que en algún momento llego a soñar con ella, vaya, entonces era eso, otro sueño, suponía el, pero no lo era. Estaba sobre la gran cama, su cama, pronto su estómago gruño fue cuando noto las paredes al buscar alguna salida, en ellas pintadas estaban las 7 mujeres que por fin había dibujado, las miro con ternura, convencido de que se trataba de un sueño, se levantó y comenzó a pasar sus dedos por sobre de ellas y como una caricatura, los dibujos comenzaron a salir de su lienzo de concreto.
Se echó para atrás asustado y a la vez fascinado ¿Qué locura estaba sucediendo? Estaba más desequilibrado de lo que se imaginaba, las mujeres gato lo rodearon y de vez en vez sentía el roce de un pezón, la excitación se hizo obvia, las mujeres lo arrojaron a la cama ¿Qué clase de placer experimentaría? Los ronroneos se sentían bien y que decir de las lenguas rasposas que le pasaban por el cuerpo, 7 mujeres, 7 cuerpos, 7 orgasmos que debía cumplir.
Había tantas vaginas que no sabía por cual comenzar, estaba en medio de un juego obsceno en el cual no había reglas, se despojó de su ropa y comenzó tocando el pecho que tenía más cerca y no precisamente el suyo, metiendo el dedo en medio de un par de piernas, besando una boca, dejándose succionar el pene por otra, dos masajeándole el trasero, lamiendo sin cesar, una en cada pierna, Felina sin participar, solo observando el espectáculo sexual, Guillermo sintió el peso de la realidad ¿estaba el en una orgia? ¿Sería acaso catalogado como zoofilia? Que más valía, se sentía muy bien.
Lo recostaron por completo, Pelusa fue la primera, lo montaba con agrado sintiendo como el objeto de placer le golpeaba las nalgas, Roma se puso de cuclillas para taparle el rostro con su sexo húmedo, sabia a gloria, Cristal se dejaba masturbar, cascabel le lamia las piernas, mientras trova se deslizaba sobre su brazo libre, Caricia se daba tremendos besos con Roma, mientras Felicia se penetraba a si misma con su cola, agitándola con fuerza, dentro, fuera.
Los roles cambiaban a cada instante, se giraban para ser penetradas, el pobre Guillermo se sentía fuera de sí, 4 orgasmos, aun le sobraba trabajo que hacer, Cristal, Cascabel, Roma y Pelusa estaban ya lejos, bebiendo de su tazón de leche, para luego pasar la lengua por los cabellos de la otra, estar ahora con 3 mujeres era más fácil, y más cuando una solo observaba, ahora Caricia era penetrada por detrás a cuatro patas y Trova detrás de él le lamia los testículos, el sentía que no podría venirse más, en eso Caricia exploto, una menos, Trova fue cosa rápida, tiro de sus cabellos platinados y le dejo ir el pene hasta el fondo de su trasero, entre gritos se dejó ir, gimiendo como loca, estiro sus piernas y se marchó con sus hermanas. Frente a frente con Felina, la más perversa, sus ojos eran los únicos ojos humanos en el desfile de andróginas.
Su cabello una cascada en negro, una piel blanquísima y esos dos enormes ojos cafés le daban un toque de ternura y lujuria, era la más bella de todas, sus pechos, dos péndulos enormes con pezones color rosa y su vagina perfecta con los labios cerrados y el pubis limpio, sin un solo bello, le aparentaba el sexo de una niña, que largas piernas tenia, que altura, con facilidad seguro media 1,80, que terror era tener a una mujer como esa de frente, y sobretodo que miedo enredarse con ella, tratar de complacerla. Su cola se meneaba de izquierda a derecha Guillermo tembló, jamás en su vida había tenido tanto sexo.
Felina lo arrojo de espaldas a la cama, hoy todas le habían hecho lo mismo, de forma feroz le tomo el pene y lo introdujo del todo en su boca, sus manos le arañaban la piel y le sobaba los testículos que ya estaba listos para arrojar su líquido vital, Guillermo se aferraba a las sabanas para no perder la cabeza, ella se limpiaba la boca, no dejaba de ser perfecta, ahora le tocaba a él, abrió sus piernas ansioso de recibirla, su lengua ya adormilada le lamia el clítoris, metiéndola de forma sorpresiva en esa cavidad que estaba ansioso de penetrar. Cada una de ella era virgen, lo sabía, lo sentía y lo veía en las blancas sabanas manchadas de sangre, lo sabía porque el mismo las había creado. Felina lo miro con un gesto de mujer fatal, una bestia, sin duda la mujer más extraña y hermosa que haya visto, ella se tendió sobre la cama, empinando sus nalgas, ansiosa de tener dentro de ella aquel miembro que ya había pasado por sus hermanas. Guillermo estaba volviéndose loco, le propinaba nalgadas, la tomaba de la cintura o ya cuando sentía morir se cubría la cara con las manos. Había tantas sensaciones que no sabía que sentir, dolor o placer, aquello era el infierno, llego a pensar que el sexo es la perdición del hombre, sintió el orgasmo venir, comenzó a soltar más golpes, uno tras otro en el trasero atravesado por esa cola de gato que se meneaba de alegría.
Ya no se pudo frenar más, derramo todo el semen dentro de la vagina de aquella maravillosa mujer, se dejó caer de espaldas, Felina se levantó sus piernas se movieron con la gracia de un gato, lo que ella era, se quitó del cuello su cascabel, el de ella color purpura, y se lo dejo caer en las manos. El cansancio lo vencía, comenzaba a quedarse dormido, no sin antes notar que junto a él dormían 7 animalitos, 7 gatos, negro, blanco, amarillo, café, rojo, gris y pardo, cerró los ojos con una gran sonrosa en el rostro, satisfecho de la vivencia.
Para la mañana siguiente la familia de Guillermo fue informada de una lamentable noticia  , el hombre fue encontrado muerto bajo el puente de la avenida mediocridad, debían pasar a recoger el cuerpo antes del mediodía al igual que sus objetos personales, una bola de papeles remojados y un gran cascabel morado.
En algún lugar dentro de su mente, donde se había refugiado, Guillermo disfrutaba muy a menudo de esas exquisitas orgias que tanto le gustaban.

Recuperacion

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No sabras si amarla u odiarla..