Un Marilyn Manson de hace 24 años. Corría 1990, el mundo pop estaba
bastante estimulado de una gran gama de canciones que probablemente
conozcas, pero que no sepas quién es el cantante. Por ejemplo Right Said
Fred con I'm Too Sexy, canción que siguió escuchándose durante toda la
década. Sonidos movidos que daban a aquellos años un esplendor de fiesta
a cada momento, y quién no reconocería aquella canción de UB40: Can't
Help Falling In Love. Igualmente veíamos
el nacimiento de Radiohead, Pearl Jam, the verve y el gran placebo. Los
90´s fueron el dulce baile de graduación de la vida musical del
planeta, dulce, frágil, animado, revolucionario. ¿Pero qué pasaba con
los marginados? Metallica, Black Sabbath, nirvana, White zombie, entre
otros. Y claro, ese “otro” incluye a Marilyn Manson, el representante
ingrato de los malestares mentales, ruidoso, engreído, perturbado,
encantado de hacer que el mundo rosa volteara la mirada, se prestó como
el blanco favorito de la prensa. Siempre en los focos, “ha dado un
concierto montado en un cerdo, se ha vestido de mujer, el nuevo video
está lleno de…” Siempre atareado entre una masa de jóvenes que se
sentían identificados, presas de la discriminación de un mundo aún más
cerrado.
Apenas era una minoría la que tenía un aspecto diferente, los que escuchaban música estruendosa y agresiva, aquellos a los que los dedos señalaban, eran los principales benefactores de un Marilyn Manson que presentaba lunchbox, los principios de la elevación magistral. Era curioso que una persona con un aspecto desaliñado, andrógino y “diabólico” por decir algunas cosas, estuviera liberando sus viejos demonios y animando a las nuevas víctimas del acoso a levantarse, dejando que el rock se volviera su válvula perfecta. Los coros se elevaban y cumplían su sueño:
“Quiero crecer, quiero ser una gran estrella del rock and roll”
Apenas era una minoría la que tenía un aspecto diferente, los que escuchaban música estruendosa y agresiva, aquellos a los que los dedos señalaban, eran los principales benefactores de un Marilyn Manson que presentaba lunchbox, los principios de la elevación magistral. Era curioso que una persona con un aspecto desaliñado, andrógino y “diabólico” por decir algunas cosas, estuviera liberando sus viejos demonios y animando a las nuevas víctimas del acoso a levantarse, dejando que el rock se volviera su válvula perfecta. Los coros se elevaban y cumplían su sueño:
“Quiero crecer, quiero ser una gran estrella del rock and roll”

